martes, octubre 23, 2012
Entrevista Carlos Henríquez Consalvi “Santiago”
sábado, agosto 20, 2011
Análisis Atilio Borón
Pero me interesó particularmente esta parte, sobre el modelo. Palabra de moda, palabra muy usada desde el oficialismo. ¿Qué es el modelo? No lo sé muy bien, pero Borón opina lo siguiente:
(...)
Al decir que el actual “modelo” tiene su génesis en la última dictadura militar y su consolidación en el decenio menemista se está afirmando que como producto de la refundación reaccionaria del capitalismo global desde mediados de los setentas (...) Este “modelo”, neoliberal en su espíritu y en su corporización práctica, tiene como puntales:
a) la sobrevivencia de la Ley de Entidades Financieras de Videla-Martínez de Hoz, pieza legal fundamental para institucionalizar el predominio de la banca extranjera y del capital financiero en general;
b) la vigencia de la Carta Orgánica del Banco Central establecida por Domingo F. Cavallo que todavía condiciona negativamente a las actuales autoridades de esa institución para actuar de conformidad con las exigencias de la coyuntura;
c) la extraordinaria regresividad del sistema impositivo, en virtud de la cual la renta financiera queda exenta de obligaciones tributarias al igual que la transferencia de activos de sociedades anónimas, mientras que una parte creciente de los asalariados debe pagar el impuesto a las ganancias –la magia del neoliberalismo todo lo puede: ¡sueldos y salarios se convierten en “ganancias” y como tales sujetas a un tributo- al tiempo que los sectores de menores ingresos ven encarecidos los ítems de la canasta básica de alimentos con un IVA del 10.5 %;
d) el continuo saqueo de nuestras riquezas naturales, sin ninguna clase de efectivo control fiscal –especialmente en hidrocarburos, minería, pesca- que impide saber cuánto se extrae y cuánto se exporta. Si algún dato se tiene es por las declaraciones juradas que las empresas interesadas elevan a nuestras autoridades;
e) la descontrolada “sojización” del agro, con los graves perjuicios que conlleva no sólo una acelerada “reprimarización” de la economía sino también la expansión del monocultivo y la primacía adquirida por el poderoso complejo transnacional del “agronegocios”, en desmedro de los pequeños y medianos productores locales;
f) el elevado grado de concentración y extranjerización de la economía. Una encuesta periódicamente realizada por el INDEC sobre este tema demostró que en el 2010 las 500 mayores empresas del país daban cuenta nada menos que del 22 % del PIB de la Argentina. Ese mismo estudio señalaba que 324 de las 500 mayores empresas –o sea, dos de cada tres- que operan en el país son extranjeras; y todas foráneas son las seis más grandes: YPF, Cargill, Telecom, Petrobras, Carrefour y Jumbo. Extranjerización que, como lo señalan recientes estudios, se extiende también a la tierra, inclusive en zonas de frontera;
g) perpetuación de la precarización laboral, la tercerización, el trabajo no registrado (¡inclusive en la administración pública!), penosas herencias de los noventas que aún persisten en nuestros días.
Estos rasgos, gestados durante los años de la dictadura y el menemismo siguen penosamente caracterizando a la economía argentina. Hubo cambios, sin duda, pero las vigas maestras del “modelo”, neoliberal hasta el tuétano, siguen en pie. A ello se debe la persistencia de elevados niveles de pobreza -cercanos al 30 % según los análisis más confiables- en los sectores más postergados y también la fragilidad económica de las capas medias, donde para una pareja con ambos miembros trabajando “en blanco” y con buenas remuneraciones la adquisición de un departamento de dos ambientes se presenta como una empresa de muy difícil realización. En suma, el “modelo”, fiel a sus orígenes, crece pero al hacerlo concentra ingresos y riquezas, desnacionaliza la economía y no distribuye. Quien lo hace, a duras penas y con muy modestos resultados, es el estado.
miércoles, junio 08, 2011
Cine de Régimen

"Estoy herido", ataque! es un film de propaganda que exalta el accionar de las Fuerzas Armadas en su lucha contra la guerrilla en Tucumán en 1975. Esta ficción presenta una versión del enfrentamiento conocido como "Combate del Río Pueblo Viejo" ocurrido en febrero de ese mismo año en el marco del Operativo Independencia. En las pocas referencias bibliográficas existentes se menciona que fue filmado en 1977 para ser difundido en la televisión. Este material se consideraba perdido y fue inaccesible durante muchos años. Un fragmento de unos pocos segundos de este cortometraje fue mostrado en el programa periodístico "Punto DOC" emitido por la señal Azul TV en el año 2001 y luego reproducido en el documental Gaviotas blindadas 2. Historias del PRT-ERP (1973-1976) realizado en 2007.
Parte 1
Parte 2
sábado, noviembre 20, 2010
A 165 años de la Vuelta de Obligado
Once buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre; estos navíos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época, impulsados tanto a vela como con motores a vapor. Una parte de ellos estaban parcialmente blindados, y todos dotados de grandes piezas de artillería forjadas en hierro y de rápida recarga y cohetes Congreve.
La principal fortificación argentina se encontraba en la Vuelta de Obligado, donde el río tiene 700 m. de ancho, y un recodo pronunciado dificultaba la navegación a vela. El general Mansilla hizo tender tres gruesas cadenas de costa a costa, sobre 24 lanchones.
En la ribera derecha del río montó 4 baterías artilladas con 30 cañones, muchos de ellos de bronce, con calibres de 8, 10 y 12, siendo el mayor de 20, los que eran servidos por una dotación de 160 artilleros.
La batalla
El combate se inició al amanecer del día 20 de noviembre, con un intenso cañoneo y fuertes descargas de cohetes sobre las baterías argentinas. Éstas respondieron de inmediato, pero estaban en inferioridad de condiciones, ya que contaban con cañones de mucho menor alcance, mucho menor precisión y mucho más lentas en su recarga que las piezas de los invasores. El intercambio de disparos causó desde un primer momento múltiples bajas por parte argentina.
A poco de iniciarse el combate, el general Mansilla fue herido de alguna gravedad, por lo que fue reemplazado por el coronel Juan Bautista Thorne en el comando de la artillería, mientras que Rodríguez asumió el mando autónomo de sus fuerzas de caballería. Thorne perdió casi por completo la audición por una explosión de granada muy cercana.
Tras varias horas de combate, fuerzas de infantería — principalmente francesas — desembarcaron en la costa, atacando la batería argentina, que perdió 21 cañones en poder del enemigo. Al no poder transportarlos, fueron inutilizados. Pero cuando pretendieron sostener su posición, las fuerzas desembarcadas fueron atacadas por la caballería de Rodríguez, que las obligó a reembarcarse.
Aprovechando la defensa que los argentinos debían hacer de sus piezas de artillería durante el desembarco, las fuerzas atacantes incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas. También se perdió el buque Republicano, que fue volado por su propio comandante ante la imposibilidad de defenderlo.
Las fuerzas defensoras tuvieron 250 muertos y 400 heridos. Los agresores, por su parte, tuvieron 26 muertos y 86 heridos y sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a permanecer casi inmóvil en distintos puntos del Delta del Paraná, para reparaciones de urgencia.
Por fin, los europeos consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria.
La campaña naval después de Obligado
Contra lo que las fuerzas vencedoras esperaban, no lograron concitar la simpatía de la población ribereña, especialmente en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. En las orillas de ambas provincias, la flota fue nuevamente atacada, en los combates de Paso del Tonelero, San Lorenzo y Angostura del Quebracho, tanto de ida como de regreso. En este último combate, en particular, la flota invasora perdió 6 mercantes (2 incendiados por la artillería y cuatro incendiados por sus tripulaciones al encallar) y 2 de sus buques de guerra sufrieron averías de importancia. Los argentinos, por su parte, sólo un muerto y dos heridos. La población civil, al parecer, apoyó firmemente la acción militar de las fuerzas de Mansilla y del coronel Martín de Santa Coloma.
En cambio, la flota aglofrancesa logró algunos resultados comerciales en la provincia de Corrientes, que desde hacía varios años permanecía rebelde a la autoridad nacional del general Rosas. Varios de los buques atracaron en los puertos de Goya y Corrientes y en algunos intermedios. Algunas naves continuaron su camino hasta Paraguay, país que también resultaba afectado por el conflicto.
No obstante, el resultado comercial de la campaña fue muy escaso, debido a la pobreza y falta de efectivo en Corrientes y Paraguay. La mayor parte de las mercaderías que portaban quedaron sin colocar. Su costo financiero, después de los daños infligidos por las fuerzas argentinas, se elevó enormemente. Por lo tanto, si bien lograron algunos resultados políticos, los beneficios económicos esperados se trocaron en un fuerte quebranto.
Tras varios meses de haber partido, las naves agresoras debieron regresar a Montevideo “diezmados por el hambre, el fuego, el escorbuto y el desaliento”, al decir el historiador argentino José Luis Muñoz Azpirí.
Consecuencias
De modo que la victoria anglofrancesa resultó pírrica: tanto la decisión de las fuerzas defensoras, como las complicaciones que imponía — e impone actualmente — el sinuoso cauce del Paraná a la navegación, hacían excesivamente costoso intentar nuevamente la navegación del mismo en contra de la voluntad del gobierno argentino.
La batalla tuvo gran difusión en toda América. Chile y Brasil cambiaron sus sentimientos (que hasta entonces habían sido hostiles a Rosas) y se volcaron, momentáneamente, a la causa de la Confederación. Hasta algunos unitarios (enemigos tradicionales de Rosas) se conmovieron y el coronel Martiniano Chilavert se ofreció a formar parte del ejército de la Confederación.
El general José de San Martín expresó desde Francia:
“Los interventores habrían visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca. (…) Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.
Esta batalla — pese a ser una derrota táctica — dio como resultado la victoria diplomática y militar de la Confederación Argentina, debido al alto costo que demandó la operación. Implícitamente, la resistencia opuesta por el gobierno argentino obligó a los invasores a aceptar la soberanía argentina sobre los ríos interiores.
Gran Bretaña, con el Tratado Arana-Southern, de 1847, concluyó definitivamente este conflicto y en marzo de ese año ordenó el retiro de su flota. Francia tardó un año más, hasta la firma del Tratado Arana-Lepredour.
Estos tratados reconocían la navegación del río Paraná como una navegación interna de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental.
martes, octubre 12, 2010
Huelga de Amores
lunes, enero 25, 2010
Haití: La maldición blanca
El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.
Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.
Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.
Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.
El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.
La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca–. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.
A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.
En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.
El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.
No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.
Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras.
País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.
En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente
lunes, julio 06, 2009
lunes, mayo 11, 2009
Padre Carlos Mugica, a 35 años de su asesinato

Carlos Mugica nació en Buenos Aires el 7 de octubre de 1930. Su padre, Adolfo Mugica, fue diputado conservador entre 1938 y 1942; su madre, Carmen Echagüe, pertenecía a una familia de ricos estancieros bonaerenses. Fue el tercero de siete hijos de una familia de clase alta, la cual le brindó todas las comodidades y gustos que estaban al alcance de alguien de su status.
Mugica era un hombre pintón, alto, rubio y de ojos azules. De joven, no se destacó particularmente en el estudio sino en la práctica de deportes, particularmente el fútbol: era un habilidoso número 10. A pesar de que su familia era profundamente antiperonista, simpatizó por Racing, un club ligado a lo popular y al peronismo (después de la construcción del Estadio Juan Domingo Perón durante su presidencia).Desde 1954 comenzó a trabajar fervientemente junto a los pobres desde la parroquia de Santa Rosa de Lima, en la ciudad de Buenos Aires. Desde entonces comenzó una carrera eclesiástica en la cual se fue alejando de la forma tradicional de predicar que tenía la Iglesia Católica, hasta formar en los 60 el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Su labor en la villa de Retiro, actualmente conocida como 31 y 31 bis, es recordada hoy día. Mugica se alejaba de la concepción paternalista del sacerdocio. En lugar de defender a los pobres vivía a su lado, predicaba con el ejemplo. En una oportunidad dijo: “antes de hablarle de Dios a una persona que no tiene techo es mejor conseguirle un techo. Es decir que conseguirle techo a una persona ya es hablarle de Dios.”
En octubre de 1967 fue asesinado Ernesto Che Guevara y Mugica viajó a Bolivia para reclamar su cuerpo e interesarse por la suerte de los prisioneros del ELN (Ejército de Liberación Nacional). Fue recibido por el Jefe del Ejército pero sin éxito alguno. Unos días después, exactamente el 18 de octubre, fue a Glasgow para presenciar el primer partido de la final Intercontinental: Racing contra el Celtic. En el estadio se encontró con John William Cooke, delegado de Perón quién lo invitó a visitar Cuba, cosa que hizo un tiempo después. Finalmente el 4 de noviembre de ese año, Racing sería campeón del mundo en Montevideo.
De regreso a la Argentina su compromiso se acrecentó aún más y siguió ayudando en la Villa de Retiro. Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo y tuvo algún acercamiento con Montoneros. Incluso estuvo preso. Él siguió en su labor eclesiástica, sin abandonar su lucha por los pobres. Cuando Perón regresó al país y al gobierno en 1973, Mugica fue asesor ad honorem en el Ministerio de Bienestar Social. Sus peleas con el Ministro José López Rega, lo llevaron a presentar la renuncia.En el clima de violencia extrema que envolvía la Argentina, Mugica había quedado muy mal parado. Para López Rega era montonero. Para Montoneros había colaborado con López Rega, además de haber criticado reiteradamente a esta organización armada. Para los sectores recalcitrantes del catolicismo era un subversivo. Su asesinato parecía irremediable.
El sábado 11 de mayo del 1974 fue un día nublado y lluvioso, pero sobre todo triste. La Alianza Anticomunista Argentina (Triple A, liderada por Lopez Rega) lo asesinó cobardemente como solían hacer esos asesinos: acribillando arteramente sin dar posibilidad de defensa y huyendo en auto. Fue en Mataderos, al salir de misa. Las últimas palabras del sacerdote fueron: "Ahora más que nunca debemos estar junto al pueblo".
Actualmente el mausoleo del Padre Mugica se encuentra en la capilla Cristo Obrero de la Villa 31 de Retiro.

domingo, enero 04, 2009
say no more
domingo, julio 13, 2008
Un 13 de julio, 35 años atrás ...

Cámpora fue sucedido por Raúl Alberto Lastiri. En ese momento, por influencia del Ministro Lopez Rega -pariente suyo-, se consideró conveniente interferir el dispositivo constitucional de sucesión presidencial, para lo cual al vicepresidente provisional del Senado, Díaz Bialet (2º en la línea sucesoria), precipitadamente se lo embarcó en el primer avión para Europa a cargo de una misión inexistente. De este modo el tercero en la línea constitucional, es decir, el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, pudo asumir provisionalmente la presidencia y convocar a nuevas elecciones donde entregó el mando a Perón, electo para su tercer mandato.
Este 13 de julio es el comienzo de un progesivo triunfo al interior del movimiento peronista de la llamada "tendencia histórica" o conservadora, liderada por el brujo Lopez Rega que incluía por ejemplo a la burocracia sindical de los Rucci y los Vandor. Este triunfo se terminaría de cocinar el 1 de mayo de 1974 cuando Perón echó de la Plaza de Mayo a los "jovenes imberbes" es decir a los Montoneros/FAR/FAP. Posteriormente vendría la Triple A y el terrorismo de estado; vendría Celestino Rodrigo y sus medidas liberales; vendría Isabelita; la desindustrialización.
Volviendo a Cámpora, algunas cosas de su corto gobierno:
- Amnistía a los presos políticos de la Revolución Argentina de Onganía y Lanusse
- Reanudación de las relaciones con Cuba, comercio en solidaridad para romper el bloqueo de EEUU.
- Desde lo económico, nombró a José Gelbard, un económista vinculado con los pequeños y medianos empresarios, enfrentado de plano con la SRA y militante del PC. Se estableció un "pacto social" tendiente a desarrollo del mercado interno, con sueldos altos y desarrollo de la producción industrial y agropecuaria para abastecer el consumo. Como ministro Gelbard trató de unificar en una sola las centrales empresarias, sobre todo la CGE y la UIA, para controlar la extranjerización de la economía argentina y desarrollar más el mercado de producción y consumos nacionales. Hay que destacar que este pacto llegó a buen puerto en parte por la llamada "Crisis del Petroleo" que sacudió al mundo entero en 1973 y provocó una altísima inflación.
Medidas de Gelbard
"Back in the USSR" por José Gelbard
